10 razones para odiar el día de San Valentín

*En dupla junto a Marcelo “Barry” Ibañez

1 All you need is cash: la cruel verdad. El día de los enamorados mata la ilusión. Nos recuerda que el amor no es gratuito. Porque aunque todo el mundo trate de negarlo, el corazón también se rige por las leyes del mercado. Inviertes tiempo y dinero para generar utilidades en el sector afectivo. Invitas al cine, pagas los tragos, compras algún regalo y recibes un beso. El catorce de febrero no es más que el día en que pagas tu impuesto al cariño. Una forma de aumentar tu fondo previsional anti-soledad. En lugar de romántico, San Valentín es despiadado como el más ortodoxo economista: te obliga a sacarle partido a tu dinero, a renunciar a regalar sólo un te quiero y terminar suscribiéndote a la revista Capital.

2 Error de cálculo: la semana previa al 14 de febrero es la peor época para tener un affaire. Si pensaste que pasarías piola al besuquearte con ese perno que jamás le presentarías a tus amigas, mira el calendario. Es hora que abandones el país. Eso es lo que se llama un verdadero error estratégico. Prepárate para verlo llegar en una rosada nubecita de ilusiones el día catorce. Cuando llegues a tu casa lo encontrarás tomando once con tus viejos, hablando de sus experiencias como monitor de EJE y pidiéndole a tu papá permiso para pololear contigo. ¿Viste que tomar en exceso hace daño?

3 Alta infidelidad: el día de San Valentín puede arruinar tu verano. Estas tú, la playa, el sol y la chica que conociste en la arena. Hasta que el día de los enamorados te recuerda que ese amor de verano no es más que un lindo eufemismo para evitar llamarse infiel. Y como la mina que conociste en la playa vive en Puerto Montt, partes de sorpresa a Santiago con un collar de conchitas a ver a tu polola otoño-invierno-primavera. Cuando la encuentras de la mano con su mejor amigo, te das cuenta que en Santiago también calienta el sol. Igualito que en la playa. Será: a Puerto Montt los pasajes.

4 Efecto año nuevo: el día de los enamorados es como la fiesta de fin de año. Un día de felicidad por decreto que te obliga a estar acompañado. La peor fecha para darte cuenta que estás solo. Que eres un paria en un mundo dominado por las parejas. Sales a la calle y te sientes en medio de una película de zombies besucones que se devoran mutuamente. Huyes de los parques, te metes a un cine, arrancas de las comedias románticas. Pero hasta la sala donde dan Kill Bill se ha convertido en un seudo motel express. Como en año nuevo, el alcohol es tu salvación. Como siempre, las piscolas solitarias te traicionan. Y terminas vomitándole una canción de Alejandro Sanz por el celular a tu ex. Lindo.

5 Sucursal 24 hrs: te prometiste que no la volverías a ver. Juraste que no la llamarías nunca más. Borraste su celular y su mail para no poder encontrarla. Pero San Valentín está al acecho esperando hacerte perder tu dignidad. Entonces cedes a la presión social y te ves a ti mismo el 13 de febrero, pensando dónde demonios está esa vieja agenda. Llamando al amigo, del amigo, de la amiga, de ese mina que ni siquiera cuenta entre tus ex. Es la sucursal: la típica mina que nunca te gustó mucho pero que siempre está a un llamado de distancia. Todo sea por evitar pasar otro San Valentín solo. Mala inversión. Como emborracharse con copete barato. Ahora tendrás que aguantar una larga resaca: llamados sicóticos durante los próximos tres meses y ella convencida de que están pololeando. Y te juras que nunca volverás a caer. Hasta el próximo febrero, al menos.

6 Estás enamorado, Charly Brown: lo peor que te puede pasar el día de los enamorados es estar realmente enamorado. Y decidir declararte en esa fecha. Has hecho de todo para tener dinero: lavaste al perro de tu vecino, reduciste los discos de tus amigos en el persa Bío Bío y le pediste a tu abuela que te adelantara tu regalo de navidad en pleno febrero. Todo para comprarle ese peluche de elefante a escala real. Y partes con la esperanza de protagonizar tu propio especial de San Valentín, pero todo termina como uno de Halloween. La chica te recibe, te quita el regalo, te da un beso en la mejilla y te presenta a su pololo gótico. Has fracasado de nuevo, Charly Brown.

7 Bolsa de comercio: el día de los enamorados es la manera más cruel de descubrir cuánto cotizas en la bolsa de las relaciones. Rosas callejeras, tarjetas hechas a mano, artesanías varias y discos pirateados, son un claro síntoma que vas a la baja. En cambio si tus opciones son invitaciones a la playa, comida exótica o cualquier tipo de joya de al menos 24 kilates, alégrate. Ya deberías estar cotizando en euros.

8 El mundo del profesor Rossa: el día de los enamorados convierte a aquel noble sentimiento en un hostigoso episodio de Los Cariñositos. Es que una cosa es estar enamorado y otra muy distinta perder la dignidad. Y no hay que ser Fernando Villegas para darse cuenta de que andar de la mano comiendo algodón rosado, colgado de un globo en forma de corazón y tirándose besitos como Tutu Tutu es PATÉTICO. Que mi chanchi, que mi gordi, que mi guagüi, las polainas. Es que el día de los enamorados es al amor, lo que la Teletón a la solidaridad: 24 horas de amor para sacarte algo de dinero.

9 Factor Véliz Meza: todos sueñan con el amor eterno. ¿Pero quién dijo que mostrar a una pareja de ancianos desdentados besándose en pantalla era lindo? Eso, la nota de 24 horas en el parque Forestal, la repetición de cuanta película romántica existe y ver en cada matinal a Héctor Véliz Meza contando el interesantísimo origen del día de San Valentín, son lejos lo peor del 14 de febrero. Así, hasta tu oso de peluche parece mejor compañía.

10 El hombre Mastercard: cuidado. Hay hombres que intentan comprar todo lo que el dinero no puede comprar. Los buitres están al acecho. Y los ganadores de colegio como tú están en peligro. Él tiene todo lo que a ti te falta: una gorda chequera, departamento en la playa, auto nuevo y un cuerpo esculpido a punta de gimnasio. Pero como escucha a Phill Collins, tú tienes lo único que él desea y aún no logra: tu chica. Por eso los días previos a San Valentín para ti son una tortura. La paranoia te invade. Una verdadera prueba de fuego para tu relación. Mientras tú llegas con una pulsera artesanal que dice te quiero, él acosa a tu novia con joyas, chocolates importados, docenas de orquídeas y una invitación al mejor restaurante de la ciudad. Mientras tanto, tu rosa envuelta en papel celofán amarillo se marchita. Te deseamos suerte. Maldito San Valentín.

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