Pinochet

Tomando sus fusiles y asaltando nuestras calles, en medio del desastre de las colas y el color blanco y negro de las películas, auspiciados por intereses ajenos, en un gran tablero de ajedrez donde los rusos y los norteamericanos jugaron con cada uno de los pueblos de la urbe, desesperados por un triunfo que no estaba en sus planes (Allende gano con los votos de la gente y desde ese segundo no pudieron tolerar la victoria de los otros, de esos locos vestidos de colores que proclamaban una patria para obreros que no sabían leer ni escribir) los malos perdedores se tomaron el poder y decidieron destruir todo para inventar una reconstrucción. El logotipo del hombre de bigote (que era mas concepto que mandatario, que era mas discurso que practica, que boicoteado no pudo controlar nada y demostró en eso mas utopía que acto) se volvió leyenda y polera (igual que el Che Guevara, autoadhesivo de cerveza, Forrest Gump Latinoamericano que lucho por una revolución pop) y con un disparo en la sien paso a la historia.
11 de Septiembre de 1973 y desde esa jornada, vivimos en bandos silenciosos. Desde las 9 de la mañana de ese día, cualquier proyecto, cualquier idea de cambio se transforma en algo vulnerable y bombardeable. El Chile que nos pario, ese que te dice “no hables tan fuerte, no opines, dejalo no más” es hijo de esa mañana. Nacen clubes sediciosos que te califican por frase. Rojo o Facho, en lo personal, ya todo da igual. Todos usan aparatos Sony. Las bocas y los sentimientos no pueden calificarse por el cuento que te relatan tus padres. Y así, con los años, vas de retorno a otros Chiles. Uno trata de sobrevivir tranquilo los bombardeos de la vida, temiendo aun en medio de los toques de queda desaparecer una noche. Esperando que sus hijos sean mejores que sus padres. El otro equipo que trata de que olvidemos todo y que reforma lo que venga para que no cambien nada. Ese empate moral se convirtió en transición el día en que Augusto Pinochet Ugarte dejo el poder y la alegría llegó para transformarse en paz y en mañanas con diarios en que se discuten los candidatos de los próximos seis gobiernos. Bienvenido a la nación donde no pasa nada. Donde nos preocupamos de todo sin motivo aparente. Donde necesitamos siesta, pero alertados por la inercia, no la tomamos jamás.
Ignorante y corrupto. Traidor Traicionado. Pinochet representa el icono de las mentiras que este país se ha sometido siglo tras siglo. Esta leyenda de país inventado por historiadores con mucho tiempo libre y ganas de vivir en Europa. Ni siquiera confiable para quienes lo financiaron (sus bienes auspiciados por gente que creyó en su proyecto, que representó su salvación lo demuestra) Augusto, decadente, observa desde su patio a un montón de ancianas fanáticas que ya hace tiempo superaron su menopausia , que lo vitorean como si tuvieran 15 y observaran a Nelson Mauri. Otra mentira mediática. Otra cosa que no es. En ese país tener talento es imitar a Cristian castro. Para Pinochet, ponerse un traje blanco y sacarse fotografías de pose napoleónica lo elevo a estadista.
Pinochet aprobaba sin pensar en consecuencias. Es el tipico ladronzuelo que hace la del Chileno Pillo. Pensó en la eternidad e impunidad del imperio que le prometieron sus amigos, que ahora ni pronuncian su nombre en publico. Los rastreros de siempre (esos que deseaban ser el, que admiraban esa gallardía de que “todo le diera lo mismo”, imitando a esos patrones de fundo que lo humillaron una y otra vez durante su miserable existencia)le armaron una fundación y lo condecoraron con medallas de cartón. Cientos de familias reclaman respuestas para dormir sin pensar donde están los que quieren. Ni siquiera ha sido valiente para afrontar los abusos cometidos, por que es solo un cobarde que quiere pasar a la historia como héroe. Por que desgraciadamente, sabe que este país (que olvida los titulares gracias a Marlen y sus amigas) algún día lo retratará como leyenda. Tal como esos conquistadores que tuvieron esclavos indios que ahora poseen calles olvidables. Como el “salvador económico de la nación”. Es misión de cada uno traspasar la visión real. No podemos prostituir todo. La memoria no se vende. Desgraciadamente hay cosas que el dinero no puede comprar (podriamos transar los valores del Padre Raul Hasbun para que se quedara callado, lástima que no se puede), pero la historia al final, la define Mastercard. Welcome My Son. Welcome To The Machine.
Encabezamos la resistencia para no olvidar jamás.

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