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Chile esta en guerra conmigo

Chile esta en guerra conmigo desde que tengo 6 años. Todo comenzó por culpa de una cueca y una apoderada que me gritó “así niñito huevon, así” mientras trate de seguir pasos que no pude entender jamás. Desde ese entonces y gracias al estado de Shock en que me encontré, cada vez que llega Septiembre, la adrenalina y el pánico se apoderan de mi y entre el blanco, azul y rojo, los griteríos, los llantos, el hilo curado, los curados y los especiales de Tierra Adentro sufro una suerte de intoxicación que logra internarme en la esencia de este país que amo y odio por miedo a que inunde mi casa o me triture en un terremoto. Lugar donde vive la gente que quiero. Pedazo de tierra del cual nunca me voy a despegar por el remordimiento de saber que me puede buscar para sacarme la cresta a la salida del colegio y el tener claro que aquí el fracaso se puede encubrir en las derrotas de todos los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra.
Soy un convencido de que Chile no es un país. Son cientos de pueblos pegados con una historia en común y en búsqueda del consuelo de vivir en un callejón sin salida entre la cordillera y el mar.
Yo vivo en un Chile donde las calles con piedras, vidrios rotos, tierra y cemento se entremezclan con pasajes de casas iguales pareadas y malls gigantes que cubren la montaña. Para ir a mi trabajo o saludar a mis amigos cruzo en la micro otros Chiles. Poblaciones que son postales de Soweto y Rascacielos que rememoran Manhattan. Naciones que tienen como puestos fronterizos servícentros de colores pero que son unidos por un nombre común de 5 letras.
Por eso Chile es a la vez el lugar mas seguro del mundo. Se mimetiza entre las convenciones de la ONU y los mundiales de fútbol para no ser ni lo mejor ni lo peor. Ni lo destacado ni tampoco lo ignorable. Para ser Chile nada más.
Hay un Chile de Neruda y otro de Marlen Olivari. Uno donde Allende vive y otro donde todavía gobierna Pinochet. Hay un Chile que me atormenta en el centro y me puede robar el Discman y otro con casas calcadas a los suburbios norteamericanos donde se respira aire puro mientras en el país vecino (“unas pocas cuadras mas allá” como dirían los habitantes de todas las plazas) los niños se mueren en los consultorios.
Todo eso, a pesar de los años, aun no lo puedo entender. Igual que esos pasos de cueca que aterrorizan mi infancia y me tienen en un Bunker con Coca-Cola, MTV y una cajita feliz escribiendo estas palabras. Por que todo Chile le teme a Chile en este Septiembre de nunca acabar.

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Pinochet

Tomando sus fusiles y asaltando nuestras calles, en medio del desastre de las colas y el color blanco y negro de las películas, auspiciados por intereses ajenos, en un gran tablero de ajedrez donde los rusos y los norteamericanos jugaron con cada uno de los pueblos de la urbe, desesperados por un triunfo que no estaba en sus planes (Allende gano con los votos de la gente y desde ese segundo no pudieron tolerar la victoria de los otros, de esos locos vestidos de colores que proclamaban una patria para obreros que no sabían leer ni escribir) los malos perdedores se tomaron el poder y decidieron destruir todo para inventar una reconstrucción. El logotipo del hombre de bigote (que era mas concepto que mandatario, que era mas discurso que practica, que boicoteado no pudo controlar nada y demostró en eso mas utopía que acto) se volvió leyenda y polera (igual que el Che Guevara, autoadhesivo de cerveza, Forrest Gump Latinoamericano que lucho por una revolución pop) y con un disparo en la sien paso a la historia.
11 de Septiembre de 1973 y desde esa jornada, vivimos en bandos silenciosos. Desde las 9 de la mañana de ese día, cualquier proyecto, cualquier idea de cambio se transforma en algo vulnerable y bombardeable. El Chile que nos pario, ese que te dice “no hables tan fuerte, no opines, dejalo no más” es hijo de esa mañana. Nacen clubes sediciosos que te califican por frase. Rojo o Facho, en lo personal, ya todo da igual. Todos usan aparatos Sony. Las bocas y los sentimientos no pueden calificarse por el cuento que te relatan tus padres. Y así, con los años, vas de retorno a otros Chiles. Uno trata de sobrevivir tranquilo los bombardeos de la vida, temiendo aun en medio de los toques de queda desaparecer una noche. Esperando que sus hijos sean mejores que sus padres. El otro equipo que trata de que olvidemos todo y que reforma lo que venga para que no cambien nada. Ese empate moral se convirtió en transición el día en que Augusto Pinochet Ugarte dejo el poder y la alegría llegó para transformarse en paz y en mañanas con diarios en que se discuten los candidatos de los próximos seis gobiernos. Bienvenido a la nación donde no pasa nada. Donde nos preocupamos de todo sin motivo aparente. Donde necesitamos siesta, pero alertados por la inercia, no la tomamos jamás.
Ignorante y corrupto. Traidor Traicionado. Pinochet representa el icono de las mentiras que este país se ha sometido siglo tras siglo. Esta leyenda de país inventado por historiadores con mucho tiempo libre y ganas de vivir en Europa. Ni siquiera confiable para quienes lo financiaron (sus bienes auspiciados por gente que creyó en su proyecto, que representó su salvación lo demuestra) Augusto, decadente, observa desde su patio a un montón de ancianas fanáticas que ya hace tiempo superaron su menopausia , que lo vitorean como si tuvieran 15 y observaran a Nelson Mauri. Otra mentira mediática. Otra cosa que no es. En ese país tener talento es imitar a Cristian castro. Para Pinochet, ponerse un traje blanco y sacarse fotografías de pose napoleónica lo elevo a estadista.
Pinochet aprobaba sin pensar en consecuencias. Es el tipico ladronzuelo que hace la del Chileno Pillo. Pensó en la eternidad e impunidad del imperio que le prometieron sus amigos, que ahora ni pronuncian su nombre en publico. Los rastreros de siempre (esos que deseaban ser el, que admiraban esa gallardía de que “todo le diera lo mismo”, imitando a esos patrones de fundo que lo humillaron una y otra vez durante su miserable existencia)le armaron una fundación y lo condecoraron con medallas de cartón. Cientos de familias reclaman respuestas para dormir sin pensar donde están los que quieren. Ni siquiera ha sido valiente para afrontar los abusos cometidos, por que es solo un cobarde que quiere pasar a la historia como héroe. Por que desgraciadamente, sabe que este país (que olvida los titulares gracias a Marlen y sus amigas) algún día lo retratará como leyenda. Tal como esos conquistadores que tuvieron esclavos indios que ahora poseen calles olvidables. Como el “salvador económico de la nación”. Es misión de cada uno traspasar la visión real. No podemos prostituir todo. La memoria no se vende. Desgraciadamente hay cosas que el dinero no puede comprar (podriamos transar los valores del Padre Raul Hasbun para que se quedara callado, lástima que no se puede), pero la historia al final, la define Mastercard. Welcome My Son. Welcome To The Machine.
Encabezamos la resistencia para no olvidar jamás.

El misterioso mundo de los padres

Mi papá nunca me habla de su familia. Jamás he entendido muy bien por que soy un Copano. El apellido nace y termina en mi abuelo, mi tío y mi padre. Luego recae en mi, mis hermanos y mis primos. Somos como el genesis de una familia de cuento a medio escribir. Se supone que tendría que armar el puzzle, pero nunca me gustaron los archivos secretos X.
Tengo un compañero de curso que jamás ha visto a su papá y otro que tiene una foto muy hippie donde el suyo sale vestido de Sandro. Esos tres fenómenos parecen tristes, absurdos e inconexos frente a los ojos del lector común. Pero son los casos más raros que nunca se han cruzado en las vidas de Hernan, Miguel y yo. Tal vez nunca conoceremos las respuestas de esas preguntas tan presentes como ausentes. Nunca entenderemos la decadente soledad de ser papá hasta estar en sus zapatos. De ese premio de consuelo, al ser compañía y no tener algo en el vientre. De esa tortura silenciosa de ser una especie de juguete eterno de la familia. De ser el patriarca de un convencimiento de libro de que ese es el origen de todo. De mantener nuestros sueños incolumnes de ser cualquier cosa menos ellos.
Las mujeres tienen la ventaja de dar la vida, ser fuertes y fieras como de la nada. No tener pelos en todos lados como nosotros y de paso tener la integridad necesaria para negarnos en los tribunales (existenciales y palpables) saber acerca de ese ser nacido “del amor (o pasión animal bañada en whiskey) de un hombre y una mujer.” como rezan los libros de catequesis que se destiñen con el paso de los años. Nosotros, los machos, nos conformamos con dar la posibilidad de provocar (y colocar) el inicio para acompañar y luego tener como mas segura opción (en los tiempos modernos) quedar botados y borrachos de dolor y confusión en el camino de las relaciones estables. Asumiendo que nos quedamos solos y transformados en bestias abominables que repletas de miedo o coraje, dependiendo de nuestra decisión, elegimos decir si a la paternidad para no terminar en una estacion de servicio desierto en Arizona. O decir no para seguir jugando como niños con nuestra inmadurez absoluta tratando de alargar la fiesta hasta que todos nuestros amigos hayan vuelto a sus casas. Confirmando de que la infancia se repite toda la vida y que en nuestros ternos se esconde la ilusión de la chaqueta de colegio y los zapatos con betún. Para mucha gente con pene, hacer el amor no es muy distinto del catalogo de HomeCenter o del manual de armado de un avion a escala. Ese es el valor de ser padre y quien se precie de ello lo sabe bien: debe mantener familias, comprar alimentos, regalos y sueños, teclear durante horas en un cubiculo egoísta con un monton de desconocidos que le harán la vida imposible en el mejor de los casos, y aun asi pueden ser desechados, descartados o ignorados por sus hembras que los reemplazan, en cualquier segundo con un ejemplar mas sano, mas fuerte, mas listo y menos cansado. Aquella lista comprende desde al homosexual reprimido del instructor de aerobics hasta el verdulero con look camionero que le sonrie a la casera con los dientes amarillos.
Aferrados a ese pacto silencioso, los progenitores colocan su esperma y entregan al vientre nuevos hijos para acompañar a sus hermanos solitarios, que a su vez quieren matarlos con los años y ser libres. Terminar de ser los niños para pasar a ser padres de si mismos y así, continuar la cadena, en medio de las peleas, los silenciosos, los arrebatos y las mutuas decepciones. Quebrando los puentes de la admiración y el recelo mutuo. En ese instante el hijo desprecia al padre que ve dos horas al día y el padre piensa que el hijo va rumbo al fracaso, deseandolo verlo de nuevo en el jardín infantil para llegar a abrazarlo y besarlo por sus caritas contentas y no dejar de saludarlo por sus manchones rojos en la libreta de notas.
Nunca los hijos sabemos los amores paternos. En realidad es dudoso comprobar si realmente sienten: mejor nos quedamos con la idea de que papá y mamá estuvieron siempre juntos desde el inicio de la vida, para no arruinarnos el día y no sentir asco de paso. Papá siempre al vernos llorar nos dejará un poco solo: no sea que no estemos poniendo maricones. Ese miedo mas grande que sus peores miedos. Nunca necesitaron de un sicologo, ni de ritalin, ni de nada. Se dieron los golpes en un tiempo donde el golpe limitaba las noches y la disciplina impuesta a culetazos ordenó el mundo y lo tiño de sangre. Por eso, cuando llegan a casa nos preguntan “como estas?” para arrancar rapido del lugar y llamar a nuestra madre, que cuidará de nosotros y relegará a esas “sucias” (que serán dueñas de un vientre y un marido, algún día, tal como ella) a otras partes. Cuidando de nuestras pesadillas. Mientras ellos cuentan los minutos para que dejemos de ser tan inmaduros como su pasado y no nos preocupemos mas de las mujeres. Para eso esta el Kike, que se dedica a mostrarles, las que nunca van a tener al lado.
En ese instante el padre, preparado para dormir, devela el mas extraño de los misterios: su ida al baño nocturna, la mala costumbre de no tirar la cadena o lanzar los papeles a la taza, su locura por que apaguemos el teléfono cuando estamos conversando. O su obsesión por levantarlo mientras charlamos sobre lo clave que es tener ese disco de Pink Floyd para salvar el universo. Su desagrado al vernos chatear y tener que saludar una espalda o hablar tan poco como el sobre su vida, su trabajo, sus carpetas, conclusiones, su día. Su largo y extraño día donde nunca sabemos que hace, que dice o que piensa. Si trafica armas para mantenernos. Si mata animales, su reza, si llora, si rie. Si esta interpretando un personaje adentro o afuera. Si es humano. Si nos quiere o se siente condenado a nosotros. Si es el realmente.
En ese momento llego a la conclusión de que mi padre no es el mejor del mundo y me alegro por eso. Por lo menos a este si lo veo y si no esta molesto, lo abrazo como si fueramos dos boxeadores, entregándole un beso en su rasposa mejilla, sin nada que contarle mas que el hecho de saber que voy a cometer los mismos errores y de seguro no voy a lograr ninguno de sus aciertos. Que jamás voy a tener un promedio 6.8 como a el tanto le gustaría para que tuviera un futuro como la gente. Como el si lo tuvo. Que a veces, me siento pésimo sabiendo que le decepcionan mis incapacidad y no se si sea mas humano para darse cuenta que solo quiero ser un poquito mas feliz que ahora. Aunque sea a través de estupideces como quedarme escribiendo hasta una hora donde tendría que dormir para levantarme temprano y no pasar frio y sueño en la mañana. Como el tanto lo desea para que me sienta bien en este mundo de mierda que nos tiene postrados en estas batallas absurdas. Me gustaría que mi papá fuera mi mejor amigo y que no se le olvidara que alguna vez lo dijo. Que dejara el misterio de lado por un momento y me dijera cuanto me quiere, para entregarme un consejo y dejar de preocuparse por mañana. Por los servicios militares. Por las universidades. Por esas cosas que se pueden quemar en una tarde. Que se acaban y que empiezan. Que etiquen y desunen. Que reinventan. Que dañan y que mienten.
En ese instante quizás todo cambiaría y yo dejaría de botar lagrimas frente al computador y sumar un aliado en el peor momento de la vida de todo ser humano: la adolescencia. Y así poder guardar el llanto para un momento en que realmente valga la pena, como me dijo una mañana y no pensar que es alguien que aparece cuando todo esta bien, como esos malos amigos que uno se lamenta de tener. Para anular esa sensación de tener que dejarlo de lado para cumplir con el estupido y rutinario ciclo de la vida, levantandome a las 7 para ir a la oficina.

Padre soltero

Soledad de Invernadero, prenatal solitario en las salas del colegio. Deberían colocarte un monumento padre soltero. Niño de 15 que sin saber una noche, sobre estimulado por las hormonas y la teve por cable decidiste hacer el amor con esa chica que no te gustaba tanto pero que ahora amas obligado por las cirscuntancias de sentarte a su lado, de sentir su mirada mientras jugabas basketball en la cancha del colegio en esa época donde todo parecía fiestas, alcohol y diversión.
Te han obligado a madurar sin quererlo, se que ha sido un martirio, por ti seguirías lanzando bombas de agua del segundo piso del colegio. Te has vuelto tan intocable como querías, ya ni siquiera necesitas tener armas de fuego, patear traseros en las esquinas con tus amigos que venden marihuana a los chicos del barrio alto, a los “cuicos culiados” que te dan plata para las zapatillas. Incluso me admito incapaz de responder tus pesadeces, solo por que ahora tienes una familia y cada vez que armo un chiste para contraatacar siento cierto peso, no lastima. ( por que solo me producen pena las personas que estimo y los luchadores que pierden sus causas) Lo tuyo me da escalofríos. Soy un inmaduro y aunque mi hermana es pequeña no sabría vivir ni criar a un ser nuevo, a una criatura que abre los ojos, que camina y que aprende a comer colados y expresar sus sentimientos.
Todos te felicitan, muchos comentan que “has cambiado”. Daría dinero por apostar que es todo lo contrario, que te quedas mirando los juguetes de tu bebe con esa ingenuidad de niño que mira la vitrina de los malls, para tratar de salir de esto en que suponías que no te iba a pasar, en esto que los profesores de Biología llaman “mala pata” y que los sociólogos plantean como “fenómeno social producido por la estimulación sensorial”, con esa frialdad de cajero de peaje, sin convencerse de que atrás no hay un adulto si no un pendejo que tiene que lidiar con un mundo que se le bloquea como las tarjetas de crédito robadas, un pospúber shockeado, un Player Game que perdio el puntaje, un explorador que recibe una avalancha de nieve y que enterrado en el frío ruega nuevas salidas.
No todo esta perdido, pero no soy yo el que te debe dar un consejo. No es que sea mala persona, muchos de los ignorantes que te rodean y que no saben leer van a decir que me burle de tu situación, que soy un inconsciente y que se me debería morir algún pariente para pagar por haber colocado estas frases, una al lado de la otra. Otros van a sentirse identificados con tu personaje y sus amigos van a enviar misivas para mi eliminación. Los comprendo a todos, pero tengo derecho a acusarte no a ti, si no a este sistema, a este país, que te tiene a ti en un lío y a muchos mas en este juego de “apechugar” y “asumir” como lo describiría algún conductor de matinal, esta nación sin forro, sin anticoncepción ni idea de concepto. Este país de campañas fallidas que hace crecer los índices, que tiene una educación lamentable y que aun no comprende que hoy que no somos niños, que no existe ya el toque de queda y que no necesitamos de un padre autoritario encima, si no de ideas y de formas de salvarnos. Si, esa misma que tu necesitaste, pero que ahora se ha transformado en una personita. Por eso no puedo desearte mas que suerte. Mucha Suerte.

Eterno resplandor de una tele sin recuerdos

*En dupla con Juan Carlos Ramirez-Figueroa

Nana para varias generaciones de padres trabajólicos, la tele iguala en la memoria la caída de la Torres Gemelas con la caída del diente de Foxley. Acá, una lista de esos recuerdos freaks que significaron algo. Las imágenes que crearon tendencia en la religión catódica de la última década.

Por Nicolás Copano/ J.C. Ramírez copano@gmail.com

BOCAS CON JABÓN: “El Desjueves” era el “CQC” de la transición y García Huidobro se creía el rey del destape. Hasta que Mauricio Redolés recitó en pantalla una particular versión del poema de Nicanor Parra “El poeta y la muerte”, que remataba con el verso “hay viejos culiados que no creen en el amor”. Uuuuyyyy. El primer garabato televisivo de repercusión masiva. Escandaloso escándalo que antecedió al Show de Benni. “Humbertito” – a quien luego se le escaparía un testículo en pantalla- declaró que lo del poeta-rockero no era compartido por su equipo, mientras la central telefónica de La Red colapsaba. El gorro de lana no volvió a ser el mismo. Redolés se defendía: “Me sorprende que hagan escándalo por el lenguaje popular y no cuando se transmite por televisión la matanza de dos jóvenes -aludiendo a una noticia de la época-, lo que me parece cien mil veces más obsceno”. Reynaldo Sepúlveda, director del programa, aseguraba a la prensa que “El Desjueves” era un espacio “irreverente pero no insolente”. Ahora los garabatos en los medios son permitidos como parte del show. Uno que los hace ver open mind y reales. Desde “Morandé con Compañía” hasta “La Granja”, pasando por las rutinas de El profesor Salomón y el fenómeno Súper Taldo, reflejaron el cambio.

La Red, jueves 14 de mayo de 1992.

EL MINUTO MILLONARIO: Las pechugas tienen una larga tradición en la tele. Durante años, la Vedetón mantenía insomnes a los televidentes que esperaban alguna que se escapara en pantalla. Pero la primera vez que un desnudo fue usado como recurso del guión y televisado para todo Chile, fue en una teleserie. Ángela Contreras (alias, la mujer del mar) se sumergió una noche en las aguas de Zapallar y dejó ver a 5.000 metros de distancia, su cuerpo completo. No se veía nada, pero el desnudo en “Sucupira” abrió una discusión sobre el supuesto destape de la televisión chilena. Ante las críticas, Contreras declaraba: “Han vulgarizado un trabajo súper profesional”.

Lo mismo le dije a mi mamá cuando encontró mi carpeta de videos en el compu: “vieja, no vulgarizes su trabajo, se hacen con cuidado”. En todo caso, ese desnudo a larga distancia dio paso a las escenas de sexo de series como “Ídolos”, “Historias de Eva” o “Los cuentos del tío”. Un lindo regalo para adolescentes sin internet.

TVN, lunes 11 de marzo de 1996.

JOE PINO: Dentro de la cancha Eduardo Bonvallet se hizo conocido por la exquisita técnica de pegar patadas. Fuera de ella lo hizo por algo parecido. Porque Bonva fue el primer opinólogo del país. El tipo que grita en un micrófono lo que el chileno medio vocifera desde la galería. El hooligan que todos llevamos dentro. Con su propio espacio radial – Más Deporte, CB 114, Radio Nacional- elevó los números de audiencia a niveles estratósfericos y llegó a la tele con “Bonvallet en la Red” acompañado de Marco Sotomayor – su Sancho Panza radial, que en ese entonces era víctima del “sisismo”: “sí, Eduardo, sí”- . Con “Tejedores de ilusión” de La Ley como fondo, se dedicaba a despotricar contra todo lo que usara camiseta o fuera D.T en las clasificaciones de 1997 y el Mundial de Francia 1998. Hasta que el tipo entrevistó inofensivamente a Pinochet y comenzó a caer solito. Pero antes Bonvallet dejó un legado trascendental, una fórmula que años más tarde daría origen a la opinología de farándula: no importa lo que digas, sino cómo lo digas. Que lo digas fuerte y convencido. Eso sí, siempre que se trate de temas tan idiotas como el fútbol, los famosos o, ehh, la tele.

La Red, temporadas 1997-1998.

TITI KILL THE ROCK AND ROLL STARS: Un mítico momento que todos recuerdan, pero que casi nadie vio, fue el escándalo que ayudó a terminar con las bandas de rock tocando en vivo en la tele. Titipelakables era un programa tween, pero mamón y sin actitud, que los niños de la nueva generación no aguantaban. Su momento de gloria fue cuando Koko Stambuck, vocalista de Glup!, declaró que “los roqueros eran suuuuper drogadictos” y desarmó un micrófono mientras un guardia se le tiraba encima. Andrea Ocampo, columnista de la Zona, tenía 13 años y estaba de público: “Después del ballet de la Titi se presentaron los Glup! Desarmaron micrófonos, parlantes, y los cables se los tiraron al público. Cuando volvieron de comerciales la Titi pedía disculpas y lloraba”. Ahí comenzó la pelea. “Estaban en una onda un poco volada, y tocaron con una actitud muy displicente”, señaló Titi Pelakable (a.k.a Fernanda García Huidobro). “Koko trató de hacer una ironía mal entendida”, señaló Norberto Berríos, representante del grupo. Desde esa tarde las bandas en vivo casi no tendrían espacio en la tele y “Rojo” se tomaría las pantallas con sus solistas de canción fotocopiada. Salvo, por el notable momento del Festival de Viña 2003, cuando Los Prisioneros atacaron al mismo canal que los ponía al aire. Y que decidía no cortarlos. Por fin estaba bueno el 13.

La Red, viernes 18 de junio de 1999.

ARMAGGEDON 2: Marcelo Comparini despidió “Plaza Italia” sin saber que se terminaba el proyecto. Así, a la mañana siguiente fuimos testigos del fin del primer canal hecho “por y para jóvenes”. Como si se tratase de un gigantesco sketch de “Plan Z”. Y lo era: muchos se enteraron por la prensa que ya no tenían pega. Sniff. Independiente de las razones de su fin, el aporte a la cultura pop del Canal 2 es indiscutible: programas de culto como “Plan Z”, “Gato por liebre”, “Plaza Italia”, “Maldita sea” y “Factor humano” aún se piratean. A la larga, sus rostros pasarían a ser anclas de otras señales donde se apostaba por lo contrario: el anquilosamiento y el entretenimiento tonto. Monserrat Álvarez y Consuelo Saavedra a los noticieros. Díaz y Peirano millonarios gracias a “31 Minutos”. Comparini e Iván Valenzuela a los matinales. Salfate y Pera a panelistas friks de “Mekano” y “SQP”. Carcavilla y Gumucio en las páginas del The Clinic. Un semillero parecido a la cantidad de rostros que han salido de la Zona en sus 14 años. ¿Copano tendrá su late show?, ¿Pepa conducirá un reality?, ¿Barry almorzará con los ejecutivos de TVN?, ¿Fabrizio será el nuevo Larry David? Mmm, estamos detrás del puzzle, pero seguimos intentándolo.

Canal 2, martes 30 de noviembre de 1999.

BOYS DON’T CRY: El Sapito Livingstone alegando por los papeles sobre “el césped” de las canchas sudamericanas. Julio Martínez recordando a un zaguero que nadie conoce. Carcuro hablando de “pases malos pero con buena intención”. Todos los comentaristas deportivos tienen su clisé. Y el de Solabarrieta llegó en las Olimpiadas de Atenas, cuando Massú y González se llevaban una “presea dorada” . Entonces como la cámara no lo enfocaba, Solabarrieta gritó deseperado: “ESTOOY LLORAAAANDO!!!”. Como un niño perdido en un supermercado, abrazando a Michael Müller, logró conectarse con el público y se transformó en un protagonista más de la victoria. Las lágrimas siempre han sido rentables en la tele. Pero esta vez no era el llanto de los entrevistados, sino del entrevistador. De ahí a los lagrimógenos despachos de Andrea Molina en el tsunami – como una víctima más, aunque maquillada, claro- y a los corresponsales en el Vaticano llorando la muerte de Juan Pablo II, hubo sólo un paso.

TVN, 21 de agosto de 2004.

Apetito por la destrucción

l primer concierto de mi vida fue el retorno de Los Prisioneros. Llegué a las 14 hrs. al Estadio Nacional junto a un primo. El paso de las horas. La expectativa. Las imágenes. Toda mi vida escuché a Los Prisioneros y nunca los había visto. Para mí eran una leyenda, “un grupo de lolos locos que cantaban contra Pinochet”. Mi familia tenía un Lada y sus Grandes Éxitos eran la banda sonora de mis viajes, cuando llegar a Los Ángeles demoraba 10 horas y podías ver el Salto del Laja cuando pasabas.

Todo Chile estaba en ese concierto. Abuelitas, madres, niños de 6 años que se sabían de memoria los temas. Eso era un país concentrado. Como si los comerciales institucionales de TVN fuesen algo real. Hasta que el evento familiar se transformó en una fiesta hooligan.

Una vez en la sala de clases empezamos a lanzarnos papeles. Y de los papeles pasamos a un forado en la pared y una lluvia interminable de sillas y mesas lanzadas los unos a los otros, mientras todos reíamos como imbéciles. Todo gracias a un profesor que nos dio “la hora libre”. ¿Alguien puede explicar eso? ¿Quién puede explicar por qué cuando viene un rockero gringo, sus propios fanáticos terminan bañándolo en escupo? ¿Por qué no hay festejo nacional que no termine en drama? Mi primer recital no sería la excepción.

A eso de las 6 de la tarde, cuando el aburrimiento comenzaba a consumir el estadio, se dio inicio a una guerra de basura. Nadie soportó la calma. El espectáculo familiar se transformó en un tiro al blanco gigantesco donde las botellas iban dirigidas contra el que hablaba fuerte, el que usaba lentes, el chico, el guatón, el alto. A mi primo le dieron con una botella en el cráneo. Sonó hueco. Todos nos reímos. Todos éramos felices. Daba la impresión de que en cualquier momento el lugar iba a estallar. En un segundo me caí. Mirando los pies de todo el mundo pensé el motivo de nuestro apetito por la destrucción. Parece que este país no sabe vivir sin caos. El desastre lo traemos en la sangre. El escudo debería decir Rompan todo y arranquen. No hay trabajo escolar que no termine destrozado, no hay fiesta que no acabe con chicas llorando porque a un imbécil se le ocurrió quebrarle a otro una botella en el cráneo. Entonces una posible respuesta se me estrelló como botellazo: si nos gusta festejar destruyendo es porque nuestros triunfos siempre son ajenos. Porque somos testigos y no protagonistas. Porque, en el fondo, parece que sentimos que nada nos pertenece.

El hombre que baila solo

Entre el Portal Lyon y el Paseo Las Palmas hay un hombre de blanco que baila solo. Único representante de una tribu urbana que sólo sale a la calle en septiembre. Todos los días por ese mismo sitio aparecen cámaras que no lo enfocan, niñas que quisieran haber nacido en Japón que no lo pescan, y adolescentes que cambiarían a su novia por vivir en Inglaterra, que lo ignoran. Y aún así encabeza la resistencia, esperando la caída de la globalización, cuando sólo quede él y su banderita chilena. Como un pedazo de campo perdido en el cemento, con una radio como única arma, sus espuelas y su pañuelo, el huaso de Providencia danza con el vacío mientras cuenta los minutos para iniciar su revolución secreta: que abandonemos nuestras obligaciones y como un gran tumulto de hippies locos nos unamos en una gran fonda universal.

“Ahí va el huaso”, gritan los oficinistas que sacan la vuelta, mientras los turistas lo observan preguntándose qué hace ese vaquero colorido que gira un pañuelo danzando con el infinito, zapateando sin detenerse. Entre el McDonald’s y el Pizza Hut. Entre los celulares y el miedo. Entre las encuestas tontas, las gelaterías de sabor ácido, los punks, las tiendas de DVD, los freaks de sábado en la mañana.

Es el Forrest Gump chileno que en vez de cruzar Norteamérica corriendo, decidió bailar en círculos sobre un punto imaginario. Pero aunque ahora todos usemos pañuelos desechables y nadie sepa bailar cueca, su danza es parte de nosotros. Porque como él, todos bailamos solos cada día. En medio de los colegios, las plazas, nuestras casas y trabajos. Sin pertenecer muy bien a ninguna parte.